Claves para elegir con acierto el colchón

Un buen descanso es fundamental para afrontar con garantías las tareas cotidianas. A los 65 años habremos dormido alrededor de 200.000 horas, por lo que elegir un buen sistema de descanso se convierte en una cuestión relevante. Conoce qué aspectos debes tener en cuenta en una elección que, en todo caso, es muy personal.

1. ¿Cuándo debemos cambiar el colchón?

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Los españoles son los europeos que descansan en colchones más viejos ya que los cambian una vez cada 12,6 años, 2,6 más de los recomendables, mientras holandeses y austríacos renuevan los equipos de descanso cada 8 ó 9 años.

Este hábito es reflejo de una falta de cultura del sueño, según médicos y fabricantes, que reconocen la importancia de buen colchón para mantener una buena salud de la espalda, aunque nunca pueden considerarse como una “medicina” o una “panacea” para curar los daños que infringimos a nuestra columna vertebral.

Según un estudio realizado por la Asociación Europea de Fabricantes de Camas, los españoles alargan la vida de los colchones 12,6 años de media -más que alemanes, belgas, italianos, franceses, alemanes, austriacos y holandeses- e incluso un 20 por ciento de los encuestados cree que pueden durar 20 años.

El 68 por ciento de los preguntados en España respondió que únicamente cambian de equipo de descanso cuando el desgaste externo, las roturas y la alteración visible es evidente.

Sin embargo, el colchón puede estar dañado en su interior mucho antes de que su aspecto externo lo delate y el producto deja de atender al calificativo de confortable y de garantizar buenas condiciones para el descanso a partir de los 10 años, según la Asociación Española de la Cama (Asocama).

  2. Cómo debe ser la superficie de descanso

Ha de ser firme, homogénea y adaptable en su soporte (carcasa de muelles, bloque de latex o bloque de espuma), y cómoda y mullida en sus acolchados.

Firme (el grado de firmeza dependerá directamente de la persona), porque nuestra columna vertebral no debe coger posturas extrañas ni vicios cuando dormimos (efecto hamaca). Debe mantenerse en su postura natural para que no sufra.

Homogénea, porque también ha de mantener el apoyo en toda la superficie del cuerpo (no debe tener hundimientos, ni huecos grandes)

Adaptable, porque nuestro cuerpo no es una tabla rasa, está lleno de curvas, y a ellas se debe adaptar en cierto modo el colchón.

  3. Tipos de colchón


La pregunta que podemos hacernos antes de empezar la búsqueda es: ¿Qué se le puede pedir a un colchón? Pues muy sencillo, que sea saludable para el cuerpo y cómodo. Ni más ni menos, ya que el sueño no lo puede garantizar ningún colchón.

3.1. De muelles

Es el de toda la vida y el que goza con una mayor cuota de mercado en nuestro país, ya que lo prefieren el 60 por ciento de los españoles. Ofrece distintos grados de firmeza según el refuerzo de los muelles. Según la Fundación Kovacs, especializada en terapias para la columna vertebral, los colchones deben ser de firmeza intermedia.

Son más ecológicos, transpiran muy bien, resultan más firmes y no presentan problemas ante la humedad. Están indicados, por esta razón, en personas que sudan mucho.

El principal inconveniente de este sistema de descanso es que carece de compresión para que pueda ceder a las distintas presiones que ejerce nuestro cuerpo. Es lo que le diferencia con respecto al látex. Los muelles van cediendo y tienden a hundirse en el centro, lo que implica una postura incorrecta del cuerpo a medio plazo.

3.2. De látex

La composición del látex utilizado en la industria del colchón puede situarse entre dos extremos: 100 por ciento natural y 100 por ciento sintético. Lo ideal es un equilibrio bien calculado. El látex natural genera una buena elasticidad, sinónimo de confort, y el látex sintético, la dureza necesaria. Lo adecuado es mezclar un cierto porcentaje de látex sintético y de látex natural, para conseguir así un soporte suficiente con el confort ideal.

Presenta características muy interesantes, ya que estos colchones se amoldan perfectamente al cuerpo y a las articulaciones, y son más duraderos que los de muelles. Son hipoalergénicos y resistentes tanto al polvo como a la suciedad. Flexibles pero indeformables, facilitan la circulación sanguínea al no crear puntos duros.

Entre sus principales inconvenientes está su alto precio y el hecho de que no eliminan del todo bien la transpiración. Sin embargo, esta gama de colchones alcanza ya el 15 por ciento del mercado.

3.3. De espuma

Las espumas se distinguen por el modo de fabricación. A un material líquido y gelatinoso se le insufla aire comprimido para conseguir una espuma llena de burbujas, que una vez tratada con endurecedores y resinas estabilizadoras queda como un bloque homogéneo, donde son las burbujitas de aire y el material poroso los que dan lugar a una buena y flexible superficie de apoyo.

Los más conocidos son los de poliuretano y los hay de diferentes calidades. Como ventajas, destaca el hecho de que se pueden cortar a medida para adaptarlos a cunas, sofás, etc. y su bajo precio. En cambio, no regulan bien la temperatura y pierden firmeza con el uso.

3.4. Otras variedades

Tambien podemos encontrar en el mercado de manera minoritaria colchones de otros materiales como los futones, colchones de agua o colchones inflables.

Los futones son colchoncitos bajos, por lo general duros (aunque no todos) tradicionalmente usados en oriente y con poca aceptacion en general en Europa. Saludables para la espalda, sólo están recomendados para quienes gustan de colchones firmes.

Los colchones de agua nunca han tenido mucho mercado, pero se pueden encontrar en algunas tiendas. Se han puesto en entredicho sus beneficios sobre la salud de la espalda, aunque algunas variedades incluidas en la gama más alta sí cumplen con los requisitos mínimos exigibles para la superficie de descanso.

Finalmente los colchones inflables, no son camas de verdad para diario y se deben usar con moderacion y en situaciones excepcionales.

4. La base o somier


El somier tiene gran importancia e influencia en el descanso, ya que sobre él se asienta el colchón. Una buena base garantiza una columna vertebral sana y sin problemas, favorece la posición correcta de la misma y mantiene el colchón en las condiciones adecuadas. Pueden ser de tres tipos:

De muelles: Presenta pocas ventajas y numerosos inconvenientes. Los muelles suelen ir cediendo y tienden a hundirse en el centro, con lo que la espalda incurre en una postura incorrecta y nociva.

De láminas: De madera, el conjunto de láminas ofrece una mayor adaptabilidad a las formas y al peso del cuerpo. Es la base ideal para un colchón de látex, ya que favorece la correcta ventilación. Debe tener al menos 27 láminas para repartir mejor el peso del colchón y ser rígidas o semirrígidas, con espacios libres que permitan una buena ventilación.

Articulado: Manual o eléctrico, está indicado en personas con problemas de circulación en las piernas (se puede levantar a la altura de los pies), de respiración (se puede elevar la parte sobre la que se sustenta la cabeza), etc. Se puede combinar con colchones de muelles, de látex y de tempur.

Canapé: Su principal inconveniente es que impide la correcta ventilación del colchón. Algunos aportan soluciones prácticas a la falta de espacio en las casas, ya que son abatibles y pueden servir para guardar ropa de cama y otros enseres. Se puede combinar con colchones de muelles.

Para sacarle el máximo partido al colchón es fundamental que la base sea firme y uniforme. Por último, es importante tener en cuenta que un colchón nuevo sobre un somier viejo se estropea antes, por lo que se recomienda renovar el sistema de descanso al completo.

 

Fuente: http://www.pulevasalud.com